
Educación ambiental para la sustentabilidad
La mejor vía para construir un modelo de desarrollo alternativo, capaz de combatir el acelerado deterioro ambiental, la pérdida de recursos
naturales, el cambio climático, la creciente desigualdad social, entre otros fenómenos que caracterizan nuestra época, es la educación.
Sin embargo, con frecuencia aparecen propuestas educativas relacionadas con el ambiente planteadas como si el ambiente fuese una
realidad ajena a los individuos. Se busca "proteger la naturaleza, manejar los recursos naturales, resolver problemas ambientales o
analizar los vínculos entre la ecología, la economía y lo social" (Dieleman y Juárez–Nájera, 2008:134). Estas formas de tratamiento no
siempre resultan exitosas o sus resultados se reducen a efectos superficiales.
Es de fundamental importancia lograr que los actores del proceso educativo, en particular docentes y alumnos, se reconozcan como parte
de la problemática ambiental y del proceso para su trasformación y solución a través de la educación ambiental. La situación actual del
ambiente no está fuera, sino dentro de cada individuo: en sus valores, cosmovisiones, prejuicios, experiencias, etc., ya que estos elementos
influyen en la manera de ver la realidad y en la voluntad y capacidad de cambiar hacia una forma de sustentabilidad en el presente y hacia
el futuro.
La educación ambiental debe extender sus propósitos y estrategias al contexto, incorporando las relaciones entre los sujetos, la naturaleza
y los demás seres humanos, vinculando lo local con lo global. Esta ampliación del ámbito de la educación ambiental la ubica como una
alternativa de replanteamiento de las relaciones del individuo con la biosfera, a la vez que la convierte en un instrumento de
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transformación social y empoderamiento de sectores socialmente desfavorecidos, todo ello con la meta final de conseguir sociedades más
armónicas, sustentables y equitativas.

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